VI ASAMBLEA DE IU Aportaciones remitidas LAS RAZONES DE UN NO-FIRMANTE DEL MANIFIESTO Lorenzo Peña Hace semanas se difundió un texto titulado `Llamamiento a un debate abierto y participativo para el relanzamiento de IU' que apareció publicado en la prensa y avalado por un nutrido elenco de firmas, unas cuantas de ellas prestigiosísimas --y, sin duda, todas de personas a quienes mueven las mejores intenciones. Sin embargo, el llamamiento está plagado de posiciones políticas gravemente equivocadas y, para ser lo que obviamente pretende ser, de tremendas lagunas. Por eso, en mi caso, y por motivos diversos de otras personas de dentro y fuera de IU (la formación o coalición española Izquierda Unida), me he abstenido de firmarlo. Como tal abstención puede haber sorprendido a algunos, aclaro sucintamente mis razones. El llamamiento formula 13 exigencias, demandas, peticiones o como se quieran llamar, todas ellas vagas, generales, enunciadas en términos solemnes y sonoros, pero de escaso contenido mínimamente precisable, y a menudo de tal indeterminación que se perfila un deseo de no comprometerse con nada definido. Quizá de lo menos inconcreto sea el punto 10 en que se pide: `alcanzar una solución democrática al problema nacional en el Estado español y emplearse a fondo en la difusión de su propuesta de Estado Federal, sin olvidar el horizonte de la República como forma de Estado'. Notemos que la República se vislumbra en un horizonte lejano y desdibujado, con palabras meramente rituales y alusivas al recuerdo íntimo (porque los recuerdos, las rememoraciones, son del fuero interno de cada uno, careciendo de exteriorización), al paso que se defiende netamente la propuesta federal, una propuesta que, sin reclamarse la República, es la de una monarquía federal; y en ese marco una `solución democrática al problema nacional', lo cual puede que sea un eufemismo para la autodeterminación, sin llamarla por su nombre. Esas posiciones se adoptarán con el fin de consensuar, aunque no se sabe exactamente a quiénes; en verdad, desunen y dividen. Suscitan, p.ej., el rechazo de cuantos vengan defendiendo actitudes políticas como la de quien esto escribe, partidario de la República unitaria y, a la vez, sostenedor de la tesis de que la autodeterminación de los pueblos es el derecho a la independencia de grandes territorios subyugados por potencias imperialistas extranjeras a través de actos de conquista y colonización sucedidos en un período histórico reciente y en violación, datable y constatable, de las normas del derecho internacional vigente; territorios cuya entidad étnica, geográfica, histórica y cultural sea totalmente diferente y separada de la de las potencias dominadoras. Por ello es inaplicable en España esa consigna del derecho de autodeterminación. Eso no quita para pedir (no en aras de la democracia, sino por un imperativo pragmático de pacificación, sin el cual no cabe ninguna política razonable) un plebiscito en Vasconia en el que la población se pronuncie sobre si desea permanecer en las fronteras de España o si prefiere constituir un estado separado; y, en el caso probable de que la segunda opción gane en varios pueblos, que, por la misma razón, se negocie la formación de un mini-estado separado, tal vez un rosario de enclaves, siempre que, en tales modificaciones políticas, se salvaguarden los derechos de emigración e inmigración irrestrictos y otros derechos humanos fundamentales, así como derechos históricamente adquiridos de amplias capas populares --como los derechos de las familias a seguir unidas y a un libre y frecuente contacto no estorbado por barreras ni controles--, y no se perjudique a los trabajadores ni en general a los sectores más desfavorecidos de la población. Pero, si ya en eso el documento insinúa más que dice, en lo demás es etéreo y abstracto, lleno de frases que testimonian la rectitud de los buenos sentimientos y propósitos de sus autores y firmantes pero también una falta de claridad política. Así, ya en el punto primero se nos habla de `tomar el socialismo como referente, en tanto que ámbito de emancipación social y materialización de la democracia plena'; expresión vaga si las hay. Por un lado, es claramente discutible que una coalición como IU haya de proponerse el socialismo (sea éste lo que fuere), aunque en efecto se encuentre ese (indefinido) vocablo en una serie de textos de la coalición. Difícilmente la mera palabra puede tener un efecto mágico. Un posicionamiento que se quiera mínimamente clarificador habría de, o bien definir eso de socialismo, o bien (mejor) abstenerse de una fórmula así para concretarse en propuestas que tengan que ver con la situación en España, con problemas de la población, con planes o peticiones creíbles. Por otro lado, eso de que el socialismo es `ámbito de emancipación social y materialización de la democracia plena' abre tal cúmulo de problemas que no vale mucho la pena entrar a debatirlo. Sin definirse qué sea socialismo (¿el de Lassalle, el de Proudhon, el de Kautsky, el de Besteiro, el de Hitler, el de Bourguiba, el de Nasser...?), lo que se diga es muy problemático; sin que quepa replicar que eso vale para cualquier palabra (porque pocas palabras están tan desgastadas, depreciadas, manoseadas y ajadas como la de `socialismo', lentejuela hoy de escaso brillo). Además, parece claro que puede haber, y hay, democracia no socialista (sea, insisto, el socialismo lo que sea); y, aunque uno puede aferrarse al clavo ardiendo de sostener que esa democracia no es plena, eso no pasaría de ser un cambio terminológico arbitrario y meramente estipulativo. Todo el resto del documento --bastante quejumbroso y plañidero, y con son de letanía-- está lleno de reclamaciones como la de una `vertebración de la sociedad y [...] la articulación de un bloque social crítico', `desarrollar a IU como exponente unitario de la pluralidad política e ideológica de la izquierda transformadora', `presión democrática de la ciudadanía en la calle', `reconocer la centralidad de la contradicción trabajo-capital' (¿en qué consisten esa contradicción y su centralidad?), `desarrollo ecológicamente sostenible' (pero ni una sola indicación --ni siquiera a bulto-- de qué sería eso), `reivindicaciones de los llamados nuevos movimientos sociales con potencialidad transformadora', `lucha contra el llamado «pensamiento único»' (sin que tampoco se diga qué es ni en qué haya de consistir la lucha contra él ni qué haya de proponerse frente a él, sea lo que fuere), `restaurar su [de IU] influencia en el terreno de los valores' (sin que tampoco se diga qué es un valor ni qué valores concretos hay que preconizar ni cómo se ha de restaurar tal «influencia»), `situar las luchas cotidianas por lo más concreto en el horizonte del proyecto', etc. Sería fácil --pero cruel-- desinflar todos esos globos. Limítome a señalar que una formación política ha de hacer propuestas precisas. Más concreción todavía se espera de una tendencia, fracción, «sensibilidad», o lo que sea, dentro de una formación política, como sin duda quiere serlo el heteróclito elenco de firmantes del Llamamiento con relación a la coalición IU. En lugar de eso, el llamamiento multiplica las fórmulas vagas que puedan unir a tirios y troyanos, dejando insatisfechos a todos y enrolando a sus huestes tras una bandera incolora. Mas al abordar temas candentes --de puntillas y con vacuas alusiones--, el documento se decanta a favor de `la unidad de acción de la izquierda, entendida como medio para avanzar hacia políticas concretas de izquierda'. Uno dirá que la entiende como quiera, mas la frase acuñada `unidad de acción de la izquierda' en la España de hoy significa la alianza política con el PSOE, con la dirección del PSOE. Las posibilidades de una alianza así para `avanzar hacia políticas concretas de izquierda' dependen de qué sea eso. Las hay si se trata de:mantener a España en la Unión Europea y en la NATO; continuar gastando sumas fabulosas en un ejército supeditado a las potencias imperialistas y listo para secundar las intervenciones de éstas contra los estados del tercer mundo que desafíen en algo al poder occidental; proseguir las privatizaciones y la desregulación de la economía; incrementar los derechos de los patronos a expensas de los de los obreros; cerrar a cal y canto España a los inmigrantes del Sur; no proponer una integración iberoamericana; conservar el régimen monárquico y ni siquiera reducir en él los poderes de la Corona; no disminuir las emisiones de anhídrido carbónico, ni planear el reemplazo gradual del coche y del avión por el tren; no imponer la cuota obligatoria de empleo ni el derecho del obrero a permanecer en su puesto de trabajo ni un salario mínimo igual al que hay en Francia. En cambio, son absolutamente nulas tales posibilidades si se trata: de traer la República; de desprivatizar partes de la economía indebidamente desnacionalizadas por la oligarquía en el poder; de reconocer el derecho de libre migración de cada ser humano; de reducir la distancia entre salario mínimo y renta máxima; de constituir un amplísimo sector público de la vivienda (para que los trabajadores puedan tener en alquiler moradas con las condiciones que les otorgaba el Real Decreto de junio de 1920); de proponer una política de reindustrialización; de romper con las potencias imperialistas; de salir de la alianza atlántica y de apoyar al Irak y a Yugoslavia (siendo todo eso infinitamente más concreto que la abstracta `lucha contra el imperialismo a escala mundial y apoyar las luchas de los pueblos que pugnan por su emancipación, así como a reforzar la actuación contra la OTAN como instrumento agresivo' --como si cupiera distinguir «la OTAN como instrumento agresivo» de la OTAN, o la NATO, como otra cosa; que, si no cabe, sobra esa cláusula del `como'). Finalmente, el documento quiere `promov[er] una Europa de la cohesión social interna y de apertura al llamado tercer mundo'. O sea, sigue decantándose por el paneuropeísmo, por el macroestado que integre al club de los ricos, al conglomerado de la NATO en la margen oriental del Atlántico. ¿Por qué? ¿Qué razones hay para eso en lugar de una integración que trace cualquier otra línea arbitraria? ¿Qué es Europa? ¿Un continente? ¿Abarca a la China y a la India? ¿Una península? ¿Son los Urales un istmo? ¿No es, antes bien, un conglomerado meramente enumerativo, sin unidad histórica ni lingüística en el que hay tantas disparidades como pueda haberlas en el Planeta Tierra salvo la común pertenencia al mundo más o menos desarrollado? Sea como fuere, ¿qué sería esa piadosa `apertura al llamado tercer mundo'? ¿Traería el menos el derecho de los países pobres a exportar, sin trabas arancelarias, sus productos a los países ricos y el derecho de libre migración? ¿O nanáin? ¿Una limosnilla? ¿Cuál? Porque pedirse ni siquiera se pide el cumplimiento de la ya de suyo tacaña fórmula del 0,7%, que tendría un valor al menos convencional a falta de otro mérito. Con tales planteamientos, el documento está incapacitado para hacer un diagnóstico acertado de las causas de la debacle de IU en las elecciones de marzo del 2000. Sin que se diga nada claro, se deja al intérprete la posibilidad de leer el documento de manera sustancialmente coincidente, en el fondo, con la visión de la propia dirección oficial de IU, a saber: que ese estrepitoso fracaso se debe al aburguesamiento del pueblo español --en lugar de constituir un rechazo del pueblo al abandono por IU de su discurso de hace unos años (el `¡No!' a Maastricht, al euro, a la NATO, a la alianza atlántica, a la monarquía, a la privatización, a las reformas laborales del partido socialista y del partido popular, a la rebaja de las pensiones, a la precarización del empleo, a la corrupción, a la desindustrialización, o «reconversión», a la represión contra los insumisos, etc). En definitiva, y para acabar, hace falta otra cosa. Sería presuntuoso -- y estaría fuera de lugar-- decir aquí qué es lo que hace falta. Tal vez haya caducado el período en que IU fue un instrumento válido (aunque siempre a medias, forzoso es reconocerlo). Sea como fuere, dentro o fuera de IU, con IU o sin ella, los planteamientos políticos que son menester sólo guardan un parecido muy remoto con las vacuas abstracciones del documento; y --en los pocos puntos en que éste es algo preciso-- lo que se requiere es una política opuesta. Madrid. 2000-07-02.