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En qu) me he basado? Ni en datos directos ni en la opini;n de los historiadores, sino en inferencias, que no dejan de encerrar cierto grado de suposici;n. Pruebas, lo que se dice pruebas, no he tenido. Muchos historiadores evocan, c;mo no?, hechos ms o menos incidentales en los que asoma la actuaci;n personal del exiliado rey en uno u otro momento de la larga preparaci;n de la trama conspiratoria, la cual fue atravesando fases muy distintas en los sucesivos per1odos de la II RepCblica, desde abril de 1931. Sin embargo "en la bibliograf1a que yo he le1do" tales evocaciones momentneas no pasan de ser destellos fugaces, que no parecen interesar sobremanera, como si don Alfonso permaneciera en general letrgico, inactivo, hibernando, y s;lo ef1meramente fuera sacudido de ese sopor por el aguij;n de alguno de sus secuaces del interior. No me cabe duda de que un estudio historiogrfico profundo del asunto requerir1a enfrascarse en los archivos de la familia Borb;n, los cuales o estn cerrados a cal y canto "y, en tal hip;tesis, posiblemente, a estas alturas, transformados en ficheros digitalizados, en clave, a buen recaudo en alguna fortaleza electr;nica de los Estados Unidos, p.ej" o, si no, ya han sido destruidos. Una confirmaci;n de mi tesis viene a aportarla un reciente libro del extreme9o  \c" Enrique Sacanell Ruiz de Apodaca: 1936: La Conspiraci;n, Madrid: S1ntesis, 2008 (192 pp). En la vida civil, Enrique Sacanell es diplomado en turismo y coordinador de turismo del Ayuntamiento de Benidorm. En la militar, es oficial del Ej)rcito en la Reserva Voluntaria con el grado de alf)rez. Es sobrino del general Jos) Sanjurjo Sacanell, Marqu)s del Rif (18721936), predestinado a encabezar la sublevaci;n militar, cosa que no pudo hacer por morir en accidente a)reo.  \'* Enrique Sacanell consagr; a9os atrs a su difunto t1o la biograf1a El General  \#+ Sanjurjo: H)roe y v1ctima (La Esfera de los Libros, 2004). Sacanell nos ofrece ahora un libro mal escrito y carente de t)cnica cient1fica, pero interesant1simo, que se lee de un,--- tir;n pese a sus muchos defectos de redacci;n, y que claramente se basa en datos s;lidos. Y es que el autor "adems de ser estudiante de historia y haber consultado otros archivos" no s;lo tiene un inigualable conocimiento de primera mano del archivo del marqu)s del Rif y de toda la familia Sanjurjo, sino que, adems "por pertenecer a ese c1rculo familiar y oligrquicomilitar", ha recibido much1simas confidencias de allegados o descendientes de altos personajes del bando vencedor de la guerra civil. Es humano "y ha de mirarse con indulgencia" que Sacanell trate de salvar el honor de su t1o, si bien no oculta del todo sus defectos. Verdad es que el Marqu)s fue un hombre con varios m)ritos. Su carrera militar se traza en la guerra de conquista de la estrecha franja mediterrnea de Marruecos (el Rif), en la que Alfonso XIII se empe9a, a partir de 1909, en aventurar a su Patria, no tanto por presuntos intereses econ;micos (de escasa cuant1a) cuanto por ambiciones de la casta militar y para complacer a sus amigos, los imperialistas anglofranceses, que vieron en el protectorado espa9ol en esas ridas y angostas comarcas un modo de favorecer el dominio franc)s sobre la casi totalidad del sultanato alahuita apaciguando, a la vez, las suspicacias del Kaiser alemn. Sanjurjo comienza as1, como capitn en 1909, un ascenso fulgurante que le valdr dos cruces laureadas de San Fernando y el marquesado del Rif, as1 como hacerse el cabecilla de toda la camada de oficiales africanistas: Goded, Mola, Varela, Sanz de Lar1n, Aranda, Franco y as1 sucesivamente. Apoy;, desde la capitan1a general de Zaragoza, el golpe de Primo de Rivera del 13 de septiembre de 1923. Hombre de confianza del r)gimen primorriverista, mand; las tropas que efectuaron el desembarco de Alhucemas del 10 de agosto de 1927, las cuales, como auxiliares del ej)rcito colonialista franc)s, aplastaron a Abdel Krim, poniendo as1 fin a la guerra de Marruecos. El )xito de tal empresa lleva a Sanjurjo a la direcci;n general de la Guardia Civil, a cuyo frente asiste impotente a la revoluci;n popular pac1fica de abril de 1931 que forz; a don Alfonso XIII a salir de Espa9a. Sanjurjo, como es bien sabido, llevar a cabo el 10 de agosto de 1932 un primer levantamiento armado contra la RepCblica, que, si, bajo su mando, triunf; momentneamente en Sevilla, fue, no obstante, una intentona generalizada de golpe de Estado militar, en el cual se trat; de asaltar por la fuerza los centros del poder en toda Espa9a, si bien s;lo en la ciudad hispalense se consigui;, y eso un solo d1a, pues la huelga general derrot; a la asonada golpista. Fracasado el intento de golpe de Estado borb;nico, qued; claro que, en lo sucesivo, ya no podr1a repetirse, sino que hab1a qu) intentar otra soluci;n. Cul? La guerra civil. Un levantamiento armado que ocupara inicialmente una parte del territorio espa9ol "principalmente las posesiones en frica" para, en el campo de batalla, derrotar y destruir al enemigo, el populacho republicano, a fin de restablecer as1 el cetro de la casa de Borb;n. Con ello llego a la segunda de mis tesis sobre la contienda de 1936, que no s;lo no parece tampoco haber sido abordada en serio por los historiadores, sino hasta, a menudo, negada "expl1cita o impl1citamente": que lo que tramaron los monrquicos, falangistas y militares conjurados en 1936 no fue, en absoluto, un golpe de Estado, una*-++55 operaci;n rpida de asalto a las instituciones, sino un levantamiento en armas para el desencadenamiento de una guerra civil. La guerra civil no fue sobrevenida; no result; ser un desenlace inesperado que, azarosamente, se produjera por el previo fracaso de un intento de golpe de Estado. No hubo, ni pod1a haber, tal intento. Lo que se intent; y se logr; fue la guerra civil. Ni Sanjurjo ni ninguno de los dems cabecillas de la sublevaci;n "ni su instigador desde Roma, don Alfonso XIII" eran tontos o ingenuos. Todos ellos sab1an sacar deducciones. Y las hab1an sacado. La sanjurjada de 1932 los hab1a conducido, atando cabos, a la conclusi;n evidente: ningCn golpe de Estado podr1a tener )xito. Durante el bienio conservador de la RepCblica, entre diciembre de 1933 y enero de 1936, algunas de las fuerzas reaccionarias tuvieron esperanzas de escalar el poder por la v1a legal, para as1 abrir un cauce a la restauraci;n monrquica, como en Grecia en 1935. Lo frustr; la firmeza del presidente D. Niceto AlcalZamora, quien "en uso leg1timo de su potestad presidencial" se neg; a que Gil Robles fuera jefe del gobierno. El triunfo electoral del Frente Popular del 16 de febrero de 1936 puso fin a esos titubeos, arrojando a esos sectores del catolicismo oficial a los brazos de la conspiraci;n monrquica, la cual no hab1a dejado de urdirse desde abril de 1931. Pues bien, esta segunda tesis tambi)n viene plenamente confirmada por el libro  \l de Sacanell, 1936: La Conspiraci;n. Voy a dedicar el resto de este ensayo a comentar diversos pasajes de dicho libro. Veamos lo que nos dice en las pp. 1819:  S La trama militar era la ms compleja, pues el ej)rcito se encontraba dividido en diversas corrientes ideol;gicas, aunque la mayor parte de aquellas que se mostraban contrarias al r)gimen acataban a Sanjurjo como jefe: la UME (Uni;n Militar Espa9ola), la Junta de Generales, diversas formaciones pol1ticas y, sobre todo, los generales ms comprometidos; pero antes hab1a que salvar un factor de divergencia esencial: Alfonso XIII exig1a una satisfacci;n hist;rica y, mal que pesara a muchos, no estaba dispuesto a abdicar. Sainz Rodr1guez superar en Estoril el Cltimo escollo que ten1a divididos a los monrquicos. Sanjurjo propondr una f;rmula que aceptar el Rey. Tras el golpe de Estado, el general asumir1a el poder ejecutivo y convocar1a un refer)ndum entre monarqu1a y RepCblica como se hab1a hecho en Grecia. Respaldada la monarqu1a por la voluntad nacional, se crear1a un ConsejoRegencia que solicitar1a el regreso del Rey. Seis meses estar1a Alfonso XIII en el trono antes de abdicar en favor de su hijo, el infante Don Juan. El nuevo rey habr1a de convocar Cortes Constituyentes con el fin de elaborar una constituci;n [8] acorde con la nueva situaci;n de Espa9a en Europa y en el mundo. Pedro Sainz Rodr1guez confirma este extremo. De acuerdo con su relato, el proyecto de Restauraci;n consist1a en derribar la RepCblica. Sanjurjo se hubiera hecho con el poder, hubiera organizado un refer)ndum a favor de la monarqu1a, Alfonso XIII hubiera regresado al trono durante seis meses y luego hubiera tenido lugar la abdicaci;n y la  S% coronaci;n de Don Juan (Ans;n, 1994: 69).A   \.' La referencia al libro de Ans;n es: Luis M Ans;n, Don Juan, Barcelona: Plaza y Jan)s, 1994. ContinCa afirmando Sacanell (pp. 1920):  S) La gran estrategia monrquica ir tejiendo el entramado conspiratorio no sin dificultades. Todas las corrientes de la conspiraci;n "afirma Ricardo de la Cierva"r*-++55 acataban a Sanjurjo como jefe: la Uni;n Militar Espa9ola, la Junta de Generales, los diversos grupos pol1ticos, los generales ms comprometidos como Mola, Goded, Cabanellas, Queipo de Llano, Franco, Varela, Orgaz, Aranda. Pedro Sainz Rodr1guez, que gozaba de libertad de movimientos por su condici;n de diputado, estableci; en Madrid, y en nombre de Sanjurjo, una oficina conspiratoria junto a la Plaza de las Descalzas que frecuentaban Sandr;niz y el general Orgaz. [8] Sainz Rodr1guez actuaba como enlace entre Sanjurjo y Valent1n Galarza, coordinador de la Uni;n Militar Espa9ola que estaba en contacto permanente con Mola. Tras innumerables gestiones el proyecto qued; negociado y aprobado con todas las partes. Con los alfonsinos, pese a las reticencias de algunos de sus ms significativos dirigentes, como Vegas o Goicoechea [8] y con los carlistas en la entrevista que sostuvieron el general Sanjurjo y el pr1ncipe Javier de Borb;nParma, en representaci;n de don Alfonso Carlos en el Hotel Hispano Americano de Lisboa, dos meses antes del estallido de la sublevaci;n. La cristalizaci;n de la connivencia se producir, a finales de 1935, con el agotamiento de la situaci;n de centroderecha, y se acelerar desde  S el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936.A  Un par de prrafos ms abajo (en las pp. 2021) prosigue nuestro autor:  Sf A finales de 1935 se celebran las primeras reuniones con fines conspiratorios. [8] se multiplicarn las propuestas de sublevaci;n en c1rculos militares antes de las elecciones de febrero de 1936. [8] Fracasada esta intentona de golpe blando, perdida tras los sucesos de octubre de 1934 una nueva oportunidad, a lo largo de los meses siguientes destacados militares concretarn planes de insurrecci;n que, nunca plenamente maduros, fracasarn por la indecisi;n de gran parte de los comprometidos. En febrero [de 1936], con el pretexto de asistir a la celebraci;n de los Juegos Ol1mpicos de Invierno que se celebraron en GarmischPartenkirchen, en la Alta Baviera, Sanjurjo viajar a Alemania. All1 se entrevistar con Wilhelm Canaris, reci)n ascendido a contraalmirante y nombrado jefe del espionaje alemn del Ministerio de Guerra: Canaris hablaba el castellano con bastante fluidez [8] Aquella reuni;n y otras consultas bastaron para asegurar no s;lo la ayuda alemana en caso de que )sta fuera necesaria, sino la promesa de reconocimiento del Estado alemn al nuevo Gobierno que naciese tras el golpe. Sanjurjo [8] hab1a llegado tambi)n a diversos acuerdos con la Italia de Mussolini y el Portugal de Salazar [8] Tambi)n Francia y principalmente Inglaterra, gobernada por los conservadores, ve1an con buenos ojos la restauraci;n de la monarqu1a en Espa9a. Su negativa a vender armamento a la RepCblica y el bloqueo naval al que la someter1an en conjunci;n con las fuerzas navales de Alemania e Italia sern factores determinantes en el desarrollo  Sn de la contienda.A  Unas l1neas ms abajo (pp. 2122), Sacanell continCa:  S," Cuando, ya estallada la rebeli;n, llegaron a Berl1n los emisarios rebeldes a finales de julio de 1936, pese a la negativa del ministro alemn de asuntos exteriores, [8] Wilhelm Canaris pondr en marcha el plan trazado con Sanjurjo en su visita a Alemania en febrero de 1936. Sanjurjo hab1a establecido contactos con von Faupel y von St?hrer, futuros embajadores de Alemania en Burgos. [8] Wilhelm Canaris canalizar desde los primeros compases de la insurrecci;n la ayuda alemana a los rebeldes. Su participaci;n ser, ms que destacada, decisiva. Ya en los momentos iniciales del golpe, con casi la totalidad de la Marina y de la Aviaci;n en manos republicanas, el inmediato env1o de 20 aviones de transporte y bombardeo JU52 autorizado por Hitler y seis aviones de caza Heinkel 51 permiti; establecer un puente  S* a)reo entre Tetun y Sevilla, con el objeto de burlar el bloqueo naval republicano.A *-++55ԌSacanell tambi)n nos informa de c;mo el general Mola hab1a aprovechado el mando de las fuerzas espa9olas en Marruecos "que se le hab1a otorgado durante el bienio conservador" para, inculcando en la guarnici;n el esp1ritu de levantamiento armado contra la RepCblica, urdir la conspiraci;n, igual que, desde marzo de 1936, seguir haciendo en su nuevo destino en Pamplona. Fue perfeccionndose entonces la trama de la conjura, con un mejor sistema de reuniones clandestinas, enlaces secretos y claves, todo ello centralizado en Madrid, y con un plan claro de sublevaci;n armada, siempre en el comCn entendimiento de que Sanjurjo ser1a el Jefe. Ese plan, no obstante, se descompon1a en dos alternativas: una centr1peta, ms veros1mil "la de atacar Madrid desde aquellas provincias en las que el alzamiento hubiera triunfado"; otra, mucho ms dudosa, centr1fuga: si la sublevaci;n prosperaba en Madrid, entonces atacar desde la capital a las provincias donde hubiera sido derrotado. Tambi)n se elabora un plan mixto, que Sanjurjo recibe en Estoril el 28 de marzo. Que los conspiradores no esperaban triunfar en la capital de la RepCblica lo confirma Sacanell en la p. 111, al decir:  Sx Los dirigentes de la sublevaci;n, que dan Madrid por perdido, aconsejan a la guarnici;n salir de la ciudad. Tal es as1 que, a primeros de julio, el general Franco remite una carta cifrada a los jefes de la sublevaci;n en Madrid en la que los previene del peligro de acuartelarse y les aconseja que salgan a las afueras de la ciudad para replegarse hacia Somosierra con el fin de unirse a las columnas del  S general Mola.A  Vemos, pues, una minuciosa preparaci;n de guerra civil, no de golpe de Estado. Quienes traman un golpe de Estado confiado a una guarnici;n militar en la capital de un Estado no le dan instrucciones de, al levantarse en armas, ausentarse de la capital. Al rev)s, un golpe de Estado se da tomando, en la capital, los resortes y centros del poder pol1tico. Y es que un golpe de Estado es una acci;n sCbita por la cual, mediante el empleo ilegal de la fuerza, se impone una alteraci;n en la gobernaci;n del Estado, ya sea reemplazando violentamente al gobernante, ya sea dictndole un cambio de pol1tica (pronunciamiento). Puede ser cruento o incruento, pero, para ser un golpe, tiene necesariamente que ser rpido, realizado en el curso de unos d1as o unas horas. Los conjurados monarcomilitares a quienes coordinaba el general Mola (bajo los auspicios del general Sanjurjo y del rey exiliado en Roma) sab1an, a ciencia cierta, que su acci;n no podr1a triunfar en toda Espa9a; estaban casi seguros de que no prosperar1a en la I regi;n militar (capitan1a general de Madrid); por eso preparaban el desencadenamiento de hostilidades para imponerse en el campo de batalla. No pod1an anticipar, evidentemente, una guerra de varios a9os, porque una resistencia popular as1 era inconcebible a esas alturas "dada la correlaci;n de fuerzas. Mas s1 preve1an guerra, aunque fuera de corta duraci;n: los rebeldes eran conscientes de que el golpe de Estado desembocar1a inevitablemente en una guerra civil  (p. 33) "aunque, literalmente, la frase es un contrasentido, sobre todo en la hip;tesis del plan centr1peto, que implica l;gicamente que no se ha conseguido producir un golpe de Estado.*-++55ԌMs adelante Sacanell nos revela muchos otros pormenores de la conjura monrquica (pp. 33ss). Se fue precisando la trama del complot: la sublevaci;n empezar1a en las regiones IV y VI (Barcelona y Burgos), siendo secundada por la II, la III y la VII (Sevilla, Valencia y Valladolid). Lo crucial es que la conjura fuera apoyada, como lo fue, por el rey D. Alfonso XIII. Ya dije ms arriba que es mi convicci;n que, en realidad, Su Majestad ven1a urdiendo todo desde Roma, a trav)s de Calvo Sotelo, Sinz Rodr1guez, Goicoechea, el conde de Vallellano y otros incondicionales de la Corona. (Me pregunto si esos planes no empezaron a germinar en su cerebro segCn viajaba de Madrid a Cartagena en la noche del 14 de abril de 1931.) Lo confirma cuanto nos cuenta el propio Sacanell en otro lugar del libro (pp. 132133):  S [Pedro] Sainz [Rodr1guez] hab1a sido el cerebro del entramado conspiratorio que persegu1a la restauraci;n monrquica casi desde la salida de Espa9a del Rey en 1931 e intervino en la conspiraci;n de 1936 como enlace de Sanjurjo y en relaciones con  S2 Italia.A  Ahora bien, Pedro Sinz Rodr1guez, futuro ministro de Franco, no daba ni un solo paso sin el visto bueno de su exiliada majestad, de la cual era uno de los ms obedientes testaferros. Volvamos ahora a otros detalles que nos cuenta Sacanell sobre los preparativos (p. 68):  SN Sanjurjo consideraba imprescindible la uni;n de todo el conglomerado monrquico y pretendi; entreabrir las puertas a una soluci;n al pleito dinstico. Ya en 1932 don Alfonso Carlos, el reclamante [carlista], hab1a manifestado su deseo de dejar resuelta la cuesti;n sucesoria. A su avanzada edad y sin descendencia, el heredero de sus derechos habr1a de ser Alfonso XIII, por unirse en )l las dos ramas dinsticas. Por esta raz;n, el octogenario rey de los carlistas invitar1a a su sobrino [Alfonso XIII] a aceptar los principios fundamentales de la legitimidad de la rama carlista. Alfonso XIII se declarar1a dispuesto a aceptar los principios de los tradicionalistas, pero no as1 a renunciar a su calidad de rey en el destierro. Adems no era sencillo resolver el conflicto entre las dos ramas, ya que reconocer la legitimidad de la dinast1a carlista  S equival1a a declararse usurpador del trono.A  Qu) base ten1a ese aserto de que en Alfonso XIII conflu1an las dos ramas (que ser retomado en 1969 por quien entonces ser proclamado sucesor del Caudillo a t1tulo de rey)? Alfonso XIII era, por v1a varonil, nieto del infante Francisco de As1s de Borb;n y Borb;n, "esposo y primohermano de Isabel II", hijo del infante Francisco de Paula de Borb;n y Borb;n, quien era hermano tanto de Fernando VII cuanto del pretendiente Carlista Carlos M Isidro ( Carlos V  para sus parciales). El pretendiente Carlos M Isidro de Borb;n y Borb;n fue derrotado en la I guerra carlista, terminada en 1840. Cinco a9os despu)s abdic; en su hijo, Carlos Luis de Borb;n y Braganza, conde de Montemol1n (o Carlos VI  para sus leales), cuya renuncia en 1860 hace pasar el t1tulo de pretendiente a su hermano, Juan Carlos de Borb;n y Braganza, sucedido por su hijo, Carlos M de Borb;n y AustriaEste, o Carlos*-++55 VII , sucedido a su vez "ya en el exilio" por su hijo Jaime Juan Carlos de Borb;n y Borb;n, duque de Anjou y de Madrid, quien fallece en octubre de 1931 sin hijos, pasando as1 la jefatura del linaje carlista a su t1o carnal, Alfonso Carlos de Borb;n y AustriaEste, duque de San Jaime y de Anjou, cuyo matrimonio con la princesa Nieves Braganza result; est)ril. En 1931 don Alfonso Carlos hereda los tronos aspiraticios de Espa9a y de Francia a la provecta edad de 82 a9os, teniendo que optar por sendas denominaciones. Para el reino de Francia escoge, entonces, el t1tulo de Carlos XII , pero para Espa9a no se decide a llamarse Alfonso XII  "lo cual implicaba que Alfonso XIII era y hab1a sido un antirrey", ocurri)ndosele, en aras de la concordia dinstica, titularse Alfonso Carlos I  (una idea que ser imitada en 1975 por su sobrino, el infante Juan Alfonso Carlos de Borb;n y Borb;n). En el umbral de la muerte, Alfonso Carlos ve1a as1 pasar la sucesi;n carlista nada menos que a la otra rama con la que se hab1a disputado el trono durante un siglo "si bien no por la descendencia femenina de Isabel II, sino por la varonil de su marido. Todo quedaba en casa, gracias a la acendrada y reiterada endogamia borb;nica. Alfonso Carlos quer1a reconocer como heredero a su sobrino Alfonso XIII, exigi)ndole, a cambio, profesar los ideales del tradicionalismo, como as1 hizo. Pero le ped1a tambi)n otra cosa que el exiliado monarca rehus;: admitir que su l1nea dinstica hubiera sido ileg1tima hasta la muerte de Alfonso Carlos. En ese embrollo "por cercanos que estuvieran ideol;gicamente en aspirar a una monarqu1a absolutista, alineada con el imperio alemn y el reino de Italia", no pod1an ponerse de acuerdo. Para derribar por la fuerza a la RepCblica se necesitaban los monrquicos de ambas ramas. Al borde de la fusi;n, el conflicto se habr1a resuelto con un acto de humildad de Alfonso XIII reconociendo la legitimidad de su anciano t1o y renunciando a seguir titulndose rey  hasta que )ste muriera. No produci)ndose tal cosa, incompatible con la soberbia de Alfonso XIII, Alfonso Carlos morir atropellado en Viena en 1936 habiendo proclamado, no sucesor "porque la l1nea dinstica se extingu1a con )l", sino regente a un pariente alejado, Francisco Javier de Borb;n y Braganza, duque de Parma, quien bastantes a9os despu)s se proclamar rey con el t1tulo de Javier I . Ante ese conflicto dinstico, los monrquicos espa9oles se ve1an ante un dilema en 1936. Quer1an derrocar a la RepCblica para restaurar la monarqu1a, pero diverg1an sobre qui)n ser1a el monarca; un dilema parecido hab1a llevado a los realistas franceses a no poder restaurar la monarqu1a gala en 1871 (como hubieran podido hacer si hubieran estado de acuerdo entre s1, ya que contaban con amplia mayor1a en la asamblea nacional). No quedaba otra opci;n que juntarse en la conjura insurreccional antirrepublicana, mas con el prop;sito de establecer de momento una dictadura militar, una regencia que abrir1a el paso a la restauraci;n de la Corona una vez resuelto el diferendo dinstico.P)-++55ԌLa figura ideal para esa empresa era el general Sanjurjo. Como lo recuerda Sacanell (p. 69), )ste era descendiente de carlistas por ambos lados, paterno y materno. Ya su abuelo, Joaqu1n Sacanell, hab1a mandado como coronel ciertas unidades rebeldes en Navarra durante la I guerra carlista; y su propio padre, Justo Sanjurjo, muri; alzado en el ej)rcito de la fe en la Cltima carlistada. A la vez, Sanjurjo era un fiel adicto de Alfonso XIII. En mayo de 1936, el duque de Parma, como representante de Alfonso Carlos, se entrevista en Estoril con Sanjurjo, llegndose a un pacto, que Sacanell nos describe como sigue (pp. 7071). En palabras de Juan Pedro Arraiza: Logr) su total adscripci;n [de Sanjurjo] a la Causa y que aceptara la suprema direcci;n de nuestro Alzamiento, que promover1amos si llegaba el caso de que, colmada la medida, el Ej)rcito no se sublevaba. Nuestro pacto fue sellado en conversaci;n entre S.A.R. el pr1ncipe don Javier en representaci;n del Rey [Alfonso Carlos] y el general en un lugar de conspiraci;n, de gratos recuerdos, en un hotel de Lisboa . En sucesivas conchabanzas se convino que Sanjurjo ser1a regente si triunfara el movimiento  para ms tarde votar por la forma de gobierno; la vaguedad de los t)rminos indica que la opci;n que se dejar1a al pueblo espa9ol "al cabo de un per1odo ms o menos largo de regencia del general Sanjurjo" ser1a ms bien entre uno y otro linaje borb;nico. En otro lugar de su libro, Sacanell precisa esos planes:  S Pero Sanjurjo tra1a a Espa9a un proyecto pol1tico en el que se contemplaba la constituci;n de un r)gimen de regencia que dar1a paso a la restauraci;n de la monarqu1a en la persona del infante Don Juan.A   El acuerdo fue tomado "como bien recordaba Fal Conde" en una cena en el comedor particular de los due9os del hotel Hispano Americano, de la calle Primeiro de Decembro de Lisboa, amigos personales del general con el pr1ncipe don  Sv Javier. Estuvieron presentes Aurelio Gonzlez de Gregorio y el propio Fal Conde.A  Y en la pgina siguiente (134) agrega Sacanell:  S4 Sanjurjo pactaba de este modo los puntales bsicos de su proyecto pol1tico: bandera bicolor; gobierno temporal de sentido apol1tico de militares; 8 cese de las actividades de los partidos pol1ticos 8; estructuraci;n del pa1s desechando el r)gimen  S parlamentario vigente.A  Y ms adelante restauraci;n del Trono, mediante alguna consulta ratificadora entre s1 y s1. Sabemos hoy que ese pacto se cumplir "aunque en t)rminos un poco diferentes", s;lo que el encargado de ejecutarlo no ser Sanjurjo, providencialmente muerto en un accidente a)reo en julio de 1936 (al emprender vuelo para ponerse al frente del alzamiento). Su vacancia abr1a, ms que una disputa, una inc;gnita, que se despej; al adue9arse Franco de esa jefatura de la insurgencia el 1 de octubre, habiendo ya, entre tanto, actuado como heredero pol1tico de Sanjurjo. Los hilos sucesorios que llevan de Sanjurjo a Franco hay que verlos, principalmente, en la acci;n de los fieles de Alfonso XIII. Sacanell nos cuenta en las pp. 117ss c;mo el avi;n que finalmente se us; para el viaje clandestino de Franco desde las  \D* Canarias al Marruecos espa9ol, el Dragon Rapide, fue alquilado por Juan de la CiervaD*-++55  \ y Luis Bol1n, representante en Londres del due9o del ABC, marqu)s de Luca de Tena, actuando de enlace entre Mola, Alfonso XIII y Juan March, quien desembols; el dinero, 2.000 libras esterlinas. La operaci;n pudo realizarse gracias a la cooperaci;n de c1rculos nobiliarios y monrquicos de Inglaterra (en particular la AngloGerman Fellowship, que abarcaba a decenas de cortesanos de Palacio y miembros de la Cmara de los Lores as1 como a generales, almirantes y obispos anglicanos). Tales c1rculos tambi)n auspiciaban la sublevaci;n en Espa9a. Intervinieron, como mediadores, Douglas Jerrold y el comandante Hugh Pollard, oficial del ej)rcito britnico. Uno u otro de ellos, o varios, actuaban adems "casi con seguridad" como agentes del espionaje britnico, obviamente en el ajo de lo que se estaba urdiendo. Sacanell nos cuenta los entresijos de aquella operaci;n, cuyas vicisitudes )l lamenta, porque ese mismo avi;n estaba, en principio, destinado a llevar a Sanjurjo desde Lisboa hasta algCn aeropuerto de la zona ocupada por las tropas insurrectas de Mola. Tal era, segCn Sacanell, su misi;n inicial; mas surgi; un contratiempo, siendo interceptado por el servicio aeroportuario espa9ol al hacer escala en Gamonal, aer;dromo de Burgos: rodeado el aparato por la guardia de asalto, )sta se llev; detenido al copiloto, Lizarza, bajo fuerte sospecha. En uno de tantos actos inexplicables de falta de vigilancia, las autoridades republicanas dejan escapar, sin embargo, al piloto, el aviador franc)s Lacombe, que hab1a ocultado los documentos y a quien se permiti; levantar el vuelo a bordo del mismo avi;n. Sin embargo, el comandante a bordo era, al parecer, el capitn William Henry Bebb, de la Royal Air Force, no quedando nada clara la distribuci;n de roles entre )l y el mencionado Lacombe. Sea como fuere, la nueva escala fue la de Lisboa, donde aterriz; el aeroplano. En Estoril Luis Bol1n se entrevista entonces con el general  \ Sanjurjo, acordndose "segCn Casanell" un cambio de destino del Dragon rapide: )ste proseguir1a su viaje hasta Casablanca (en el sur del Marruecos franc)s) aguardando all1 hasta el d1a 15 de julio, se9alado por Sanjurjo como el de estallido de la rebeli;n; entonces tomar1a rumbo a las Canarias, recoger1a a Franco y lo llevar1a al Marruecos espa9ol para acaudillar a las tropas sublevadas del Protectorado. Mas, volver1a luego ese mismo hidroavi;n a utilizarse para, dando una nueva vuelta por Lisboa, recoger a Sanjurjo y conducirlo al Norte de Espa9a? Sacanell dice que, dado el percance de Gamonal, pareci; preferible usar para ese cometido otro  \" aeroplano. Mas, si el inconveniente de estar ya fichado el Dragon rapide se ten1a en cuenta para un vuelo, por qu) no para el otro? Adems, el viaje a)reo de Sanjurjo, ya desencadenada la guerra, de Lisboa al norte de Espa9a no parece que fuera obstaculizado por el fichaje del avi;n. Puede, sin embargo, que haya otra raz;n, que Sacanell no evoca: ese hidroavi;n era demasiado grande para aterrizar en algCn aer;dromo improvisado de cualquier localidad provinciana; todav1a no se sab1a cules ciudades estaban bien controladas por  \d) los rebeldes y cules no. (V. Sacanell, ibid., p. 125 y p. 135, donde se nos cuenta que en el aer;dromo de Burgos lo estar esperando Pedro Sinz Rodr1guez el d1a 20).`* -++55Ԍ \ En su biograf1a Franco: Caudillo de Espa9a  (trad. espa9ola, Barcelona: Grijalbo, 1994), Paul Preston nos suministra otras informaciones, no del todo concordantes. SegCn Preston, el flete del hidroavi;n fue gestionado por el diputado de la CEDA Francisco Herrera, junto con Luca de Tena, Bol1n y Juan March, el cual le extendi; un cheque en blanco. El avi;n fue pilotado por el capitn Bebb. Transport; a Franco de Canarias a Tetun (con escalas en Agadir y Casablanca, sin que se explique la pasividad "si es que no complicidad" de las autoridades coloniales francesas en tales idas y venidas, cuando las guarniciones militares del Marruecos espa9ol se hab1an sublevado la v1spera).  \B Cualquiera que fuera el motivo, a pesar de que el Dragon Rapide vol; de Tetun a Lisboa a las pocas horas del aterrizaje de Franco, en la madrugada del 19 de julio, Sanjurjo decidi; "aunque no sin oposiciones" viajar con el aviador Ansaldo a bordo  \2 de la avioneta PussMoth pilotada por )ste, que le hab1a enviado Mola. Preston comenta:  \.  Su diminuto biplano Puss Moth parec1a una rara elecci;n para la misi;n, toda vez que  \* el Dragon Rapide utilizado por Franco acababa de aterrizar en Lisboa, seguramente con la intenci;n de recoger a Sanjurjo. El viaje tambi)n pudo haberse hecho por carretera . Este Cltimo aserto de Preston es problemtico, porque no s;lo el 20 de julio aCn no controlaban perfectamente los sublevados las regiones de Le;n y Castilla la Vieja "habiendo, por consiguiente, gran incertidumbre sobre las eventuales peripecias de ese itinerario en autom;vil", sino que tal viaje hubiera sido muy largo. El 20 de julio, con Sanjurjo a bordo, despegar1a dicha avioneta del insignificante campo de Marinha de Boca do Inferno, cerca de Cascais, habi)ndose escogido ese lugar para pasar desapercibidos. El despegue "en unas pistas demasiado cortas y con un aeroplano sobrecargado por el equipaje de Sanjurjo" sali; mal, sucediendo el siniestro inmediatamente despu)s, por un enganche de la h)lice con las copas de unos rboles. La avioneta se estrell;. A Sanjurjo se le fractur; el crneo, mientras que el piloto, Ansaldo, salv; la vida. Hab1a manipulado alguien el aparato para que los motores no adquirieran fuerza con suficiente rapidez? Tal es la clara insinuaci;n de Sacanell, quien hilvana los hilos de una conjetura apenas velada: la de que se intervino, de un modo u otro, para tal manipulaci;n o no se tomaron medidas contra un posible atentado anarquista. Nunca lo dice as1, tal cual. Dudo que tal hip;tesis tenga fundamento. As1 como el accidente a)reo del 3 de junio de 1937 en Alcocero, en el que Mola hallar la muerte, bien pudo ser maquinado por Franco "caudillo ya, a la saz;n, de la zona sublevada y para cuya supremac1a Mola segu1a constituyendo un posible rival", el poder de Franco en Lisboa en julio de 1936 me parece que era nulo. Hay que desechar, entonces, los motivos de sospecha que expone Sacanell? Extra9a que conspiradores tan astutos y empecinados incurrieran en ciertas ligerezas. Sin embargo, el ser humano tiene esas inconsecuencias. Nadie es perfecto, ni siquiera en el mal.) -++55ԌMuerto Sanjurjo, varios cabecillas de la cCpula monrquica, instigadora de la rebeli;n militar, transfirieron su adhesi;n a Mola. Cu)ntanos Sacanell en la p. 164: Sinz Rodr1guez, Antonio Goicoechea, Jos) Yanguas, Jorge Vig;n, Fernando Surez de Tangil [conde de Vallellano], entre otros, decidir1an, tras conocer el accidente a)reo en Portugal, ofrecer sus apoyos al general Mola 8  Y otro detalle al respecto lo hallamos en la pgina siguiente:  S Asistir1an a esa reuni;n Antonio Goicoechea, mximo dirigente de Renovaci;n Espa9ola, Pedro Sainz Rodr1guez, el conde de Vallellano, el propietario del peri;dico  Sx La (poca Jos) Ignacio Escobar, Jos) Mar1a de Yanguas y Luis Mar1a Zunzunegui. En la misma se convino que Escobar viajara a Berl1n y Antonio Goicoechea, que en marzo de 1934 hab1a firmado un pacto con Mussolini, encabezara la delegaci;n que  S viajara a Roma.A  Ese impresionante respaldo borb;nico iba dedicado a Mola personalmente o a la sublevaci;n en su conjunto? Me inclino por lo segundo. El verdadero preferido de los monrquicos ser Franco, desde el primer momento. Tras aterrizar en Tetun, Franco despacha a Roma a su acompa9ante y padrino de vuelo, el borb;nico Luis Bol1n, para que le pida ayuda al Duce (Sacanell, p. 166). La entrevista con el ministro conde Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini, se celebra gracias  \ a la recomendaci;n de Alfonso XIII. Preston (ibid., p. 201) proporciona otros datos, en parte divergentes y en parte complementarios: gracias a la carta de presentaci;n de Alfonso XIII, Bol1n y su acompa9ante, el marqu)s de Viana, fueron recibidos con entusiasmo por el conde Ciano. Al principio hubo titubeos en la capital italiana; el dictador dudaba. SegCn Sacanell lo sac; de dudas el hecho de que toda la plana mayor borb;nica respaldara la petici;n, de lo cual tuvo conocimiento por la llegada de la misi;n de J.I. Escobar a la que he aludido unos prrafos atrs (previamente concertada con Mola y toda la cCpula  \ alfonsina). Preston, en cambio (ibid., p. 201), atribuye mayor efecto causal a las gestiones directas de Franco. Sea como fuere, la ayuda se materializ; (Sacanell, p. 167) el 30 de julio de 1936 con el env1o a Franco de 12 aviones trimotores SavoiaMarchetti S81, a los que se agregarn en agosto otros 36 modernos aparatos a)reos. En total (sigue informndonos Sacanell, p. 168) la ayuda italiana ser de entre 600 y 700 aviones, entre 100 y 200 tanques, casi 2000 ca9ones, submarinos y buques, por valor de 7.500 millones de liras que el r)gimen franquista terminar de pagar muchos a9os despu)s, en 1967. Asimismo el rey de Italia envi; a 72.775 soldados a combatir en los ej)rcitos sublevados mandados por Franco. No menos decisiva fue la ayuda alemana, en cuyo arranque "como tambi)n lo  \& recuerda Sacanell, ibid., p. 168" jugaron un papel destacado la Auslandorganization y el influyente apoyo del entorno de Alfonso XIII . Al igual que los italianos, los alemanes favorecieron, desde el primer momento, a Franco por encima de los otros jefes del alzamiento. En el caso alemn existen otros datos "de los cuales no hace menci;n Sacanell": los v1nculos que, al parecer, manten1a con el espionaje alemn y con Canaris* -++55 desde la I guerra mundial. Mas eso es secundario. Lo principal es lo que ha recogido Preston. Hay que recordar que Franco fue ahijado de bodas de Alfonso XIII (Preston, p. 64) y de D Victoria Eugenia de Battemberg, al casarse en Oviedo el 22 de octubre de 1923 (a seis semanas del golpe de Primo de Rivera). Tras el paso del Estrecho en agosto de 1936, Franco aparece como el aut)ntico  \X amigo de la nobleza y favorecedor de la causa monrquica (Preston, ibid., p. 207). Se le pueden reprochar muchas cosas. Mas no que haya incumplido su promesa a los Borbones. Verdad es que, varios a9os ms tarde, sobrevendrn disconformidades de algunos monrquicos, incluida la impaciencia del propio conde de Barcelona, por el plazo al que el caudillo sujetar el regreso de la dinast1a expulsada en 1931: para cuando ya Dios no le diera vida a )l. Franco hac1a lo que hace cualquier monarca. (l se hab1a colado en la sucesi;n dinstica. Cualquier rey fuerza a su sucesor a esperar a su muerte para heredar (salvo casos excepcionales de abdicaci;n). Si, gracias a )l, iban a disfrutar nuevamente de la corona los vstagos de la casa de Borb;n, bien pod1an aguardar mientras durase su propia vida; ellos tendr1an, por delante, los siglos de los siglos para reinar en Espa9a.