WPCm 2PB ^ ZBCouriermano 10 (Roman-8))ougham paso 10 (Roman-8))Tms Rmn 10pt (Mat8) (K)Tms Rmn 10pt (F/K/P)Laurentius_PostScript_(HP_LJ_III.PS)LAURENTI.PRSx  @hhhh"YX@ 3'3'Estndar6&&ein wittgensteiniana wittgensteiniano6&EstndarII.PS)LAURENTI.PRSx   #x  @U X@# dddd X` hp x (#%'0*,.8135@8:e]]eVNee/6eV|eeNe]NVeeeeV/'/BF/>F>F>/FF''F'mFFFF/6'FFeFF>CCL/#////////////F'e>e>e>e>e>|]]>V>V>V>V>/'/'/'/'eFeFeFeFeFeFeFeFeFeFe>eFeFeFe>e>e>]>]>]>]>eFV>V>V>V>eFeFeFeFeFeFeF/'/'/'/'6eFV'V'V'V'eFeFeFeFeFeF|e]/]/]/N6N6N6N6V'V'eFeFeFeFeFeFeeFV>V>V>eFV'eF]/N6V'eFeFeFeFeFl0pptpHHHHddHHHHHdddddp``p$pddddddddddddddddddddd``ddddddddddddd\xxHHdddddddddddddddd3dddpppppppppppppphXdXHXXtD`8X@hPl<44lP`LXhPPHlHhT`DdLHdDhLdPhXl\dXX8P44HLLX"m^"m^6HxllٴHHHl|6H6 Ĭ   `h "s<eroj@eroj.org> )a : :  ##Dx\  PCP# v يESES*  \    \_ @   b  k?  Siete Motivos para Oponerse al Diluvio de Fuego y ԚDestrucci;n que la NATO Derrama sobre el  k "IԚPuebloYugoslavo  \B "por Lorenzo Pe9a (% 1." El 18 de mayo de 1899 "o sea, hace un siglo" se reun1a en La Haya una conferencia patrocinada por Rusia y los EE.UU para limitar los males de la guerra. La convenci;n de La Haya del 29 de julio de ese a9o estipulaba el arreglo pac1fico de los conflictos mediante el arbitraje, y establec1a una normativa jur1dica b)lica para humanizar las guerras. Prohib1anse los bombardeos desde globos o similares  "o sea desde aeronaves, fueran del tipo que fueren. Ocho a9os despu)s reuni;se en la capital holandesa una segunda conferencia que ratific; tal prohibici;n (aunque cabe dudar de la sinceridad de las potencias signatarias). Est claro que los bombardeos desde el aire son contrarios al derecho internacional. El imperialismo yanqui es, de lejos, el que ms brutales bombardeos ha perpetrado a lo largo del presente siglo en las diferentes guerras expansionistas en las que ha tomado parte. Durante un tiempo (en la II guerra mundial) se quiso justificar eso porque entonces el enemigo era todav1a peor (Hitler). Mas ni siquiera entonces ten1a justificaci;n volcar fuego y destrucci;n sobre poblaciones civiles. No s;lo no ten1a justificaci;n moral, sino que era una grave violaci;n del derecho internacional. As1 pues, sean cuales fueren las otras consideraciones relevantes para justificar o no tales o cuales acciones b)licas, lo que en cualquier caso ha de condenarse como una atrocidad brbara e inhumana, contraria al derecho de gentes y a los principios de la civilizaci;n es el recurso a bombardeos desde el aire, vayan o no dirigidos contra las poblaciones civiles (aunque, por supuesto, la vulneraci;n de los principios jur1dicointernacionales y de las normas de humanizaci;n de la guerra es mucho mayor, y ms injustificable, cuando se victimiza a poblaciones civiles, ya sea matando a civiles, ya sea destruyendo casas, fbricas de productos necesarios para la vida de la gente, carreteras,+=o.o.o. instalaciones de abastecimiento de agua, electricidad u otros recursos de primera necesidad). 2." En 1912 estall; la primera guerra balcnica, en la cual los pa1ses reci)n emancipados del yugo turco (Serbia, Montenegro, Bulgaria y Grecia) conjugaron sus fuerzas para liberar a las partes de sus territorios nacionales aCn bajo dominaci;n otomana. La guerra se solucion; con el Tratado de Bucarest del 11 de agosto de 1913, hechura de la diplomacia de las grandes potencias imperialistas (y concretamente de la siempre interesada mediaci;n de la monarqu1a britnica). En ese tratado se erigi; (acaso un tanto artificialmente) un principado de Albania, del que esperaban adue9arse Austria e Italia; a Serbia se le reconoci; la soberan1a de Macedonia y de la comarca de Kosovo. Las fronteras ni correspond1an a l1neas de demarcaci;n )tnicas o nacionales ni en rigor era posible que correspondieran, ya que siglos de dominaci;n otomana hab1an producido un rompecabezas, con salpicaduras, enclaves dentro de los enclaves dentro de los enclaves, y as1 sucesivamente; y, en muchos lugares, una composici;n )tnica abigarrada. As1, quedaron en Albania comarcas )tnicamente griegas; en Serbia, comarcas albanesas (Kosovo y Metohia); y as1 sucesivamente. (Dentro de tales comarcas hab1a subcomarcas de poblaci;n )tnicamente similar a la mayoritaria en el respectivo estado.) Las fronteras de los Balcanes han sufrido desde entonces muchos cambios mas ha sido una constante del derecho internacional contemporneo que Kosovo es parte integrante de Serbia y que, por consiguiente, no est bajo la soberan1a de nadie ms que Serbia. El Tratado de Versalles de 1919 confirm; esa pertenencia de Kosovo al territorio soberano de Serbia (integrada a su vez, desde 1919, en el reino "luego RepCblica" de Yugoslavia). Los acuerdos entre las potencias que regularon el orden internacional tras la II guerra mundial confirmaron igualmente esas fronteras. No hay, as1, en el derecho internacional nada en lo que basar una imposici;n a Serbia o a Yugoslavia de ningCn ordenamiento pol1tico referente a Kosovo. Kosovo es una parte integrante de Serbia (por lo tanto, de Yugoslavia) y carece de justificaci;n "desde el punto de vista del derecho internacional" dictar a ese pa1s qu) haya de hacerse o dejarse de hacer en esa parte de su territorio. Eso no significa, claro, que nadie pueda hacer nada si no le gusta c;mo ordena las cosas en su casa el gobierno yugoslavo. Mas lo que se puede hacer es s;lo manifestar pac1ficamente su posici;n, o incluso abstenerse de comerciar con Yugoslavia, o de anudar con ella relaciones diplomticas, u otras acciones similares que respeten el derecho internacional. Constituye una agresi;n cualquier acci;n armada contra un pa1s para imponerle un determinado ordenamiento en una parte del territorio bajo su soberan1a. 3." Lo que precede demuestra que, aunque los m;viles de las potencias de la NATO fueran desinteresados y altruistas, estar1an perpetrando una guerra de agresi;n injustificable y condenable desde el punto de vista jur1dico. Muchos agresores en la historia que sumieron a los pueblos en el dolor y la destrucci;n de las guerras pudieron alegar buena voluntad. No tenemos ningCn miradorD+o.,,55 que nos permita ver su conciencia, ni eso nos interesa salvo para las biograf1as. Tal vez los conquistadores como Guillermo de Normand1a, Jaime I, Fernando III, Cort)s, Pizarro, Francisco I, Napole;n y tantos otros pensaron y dijeron que la maldad de aquellos contra quienes enfilaban sus guerras agresivas hac1an de )stas guerras justas. Hoy toda persona civilizada y de sentimientos humanitarios sabe de sobra que la guerra es tan atroz que s;lo puede justificarse excepcional1simamente cuando concurran circunstancias fuera de lo comCn (y que fueron detalladamente consideradas por los grandes tratadistas clsicos del derecho de gentes en el siglo de oro espa9ol, como el P. Francisco de Vitoria y Fray Bartolom) de Las Casas). Y, desde luego, una de las condiciones absolutamente necesarias es que quien inicie la guerra haya sido agraviado, haya recibido de aquel al que ataca una grav1sima ofensa (que sea totalmente imposible de reparar por v1as pac1ficas). Por consiguiente, no cabe leg1timamente atacar a ningCn estado por motivo de su r)gimen interior (incluida su administraci;n en territorios de diversa composici;n )tnica), salvo, al menos, que en ese estado no exista ni siquiera un m1nimo de vida civilizada. Mas cualquiera que sepa atar cabos sacar fcilmente la conclusi;n de que lo que quiere la NATO es desgajar de Yugoslavia a la comarca de Kosovo en una secuencia de pasos: primero, imponiendo un autogobierno que s;lo nominalmente conserve la soberan1a yugoslava; y, segundo, ocupando el territorio con tropas forneas que amparen al separatismo albanokosovar. Por qu)? Qu) les ha hecho Serbia? Sobre eso se pueden hacer disquisiciones. Desde luego Serbia no les gusta, mas tal explicaci;n es insuficiente. Sin duda la raz;n principal es que lo exige Alemania, que fue "con su aliada Austria" la potencia cuyos intereses balcnicos salieron perdiendo con las victorias serbias de 1913 y de 1918. Alemania y Austria quieren vengarse. Han sufrido muchas humillaciones en este siglo. Han perdido extensos territorios de habla alemana; pero Alemania ha levantado la cabeza y es una gran potencia. Como muy a menudo sucede, uno se venga de los menos fuertes (aquellos que menos da9o le han hecho a uno) porque no puede vengarse de los ms fuertes. Alemania, potencia capitalista e imperialista, ha sacado la lecci;n de las dos guerras mundiales, y no quiere volver a enfrentarse a las otras potencias imperialistas rivales (Francia, Inglaterra, los EE.UU, Jap;n), sino que todos ellos hoy estn firmemente unidos, formando un bloque; unidos contra los pueblos, unidos contra el tercer mundo, unidos contra cualquier estado (como Yugoslavia) que no les sea obediente. Sin duda hay ms razones. Una de ellas puede estribar en las rivalidades entre la Iglesia ortodoxa mayoritaria en Serbia y la Iglesia cat;lica romana "que propici; la secesi;n de Eslovenia y Croacia y que tal vez no es del todo ajena a los acontecimientos de Kosovo. Otra raz;n puede ser el hecho de que el r)gimen serbio conserva aCn un poquit1n de socialismo, aunque sea muy poco (si bien en este punto lo tal vez inquietante para los poderes capitalistas sea la influencia del laborismo populista del partido que encabeza la esposa del l1der serbio, y un resto de influencia comunista que podr1a cobrar mayor+o.,,55 ascendiente llegado el caso), al paso que las repCblicas ya desgajadas de Eslovenia, Croacia, Bosnia y Macedonia estn s;lidamente en manos de c1rculos dirigentes de confianza, con un sistema capitalista s;lido y estable. Seguramente la raz;n ms fuerte es que el r)gimen serbio los ha desafiado; y ahora se trata, no ya de doblegar a quienes digan `No!' al desp;tico dictado imperialista, sino de destruirlos, para que se extirpe cualquier veleidad de desobediencia por parte de cualesquiera dirigentes de pa1ses del tercer mundo. La guerra contra Yugoslavia es, as1, una guerra de terror contra los pueblos del planeta; una amenaza, una advertencia a los dirigentes eventualmente desobedientes del tercer mundo. En qu) fundamos estas acusaciones? En primer lugar, nos fundamos en la historia. Hemos estudiado la historia de la pol1tica exterior de Inglaterra, Francia, los EE.UU, Alemania, Italia, etc. Y vemos, una y otra vez, lo mismo: agresiones expansionistas, ataques contra quienes osen desobedecerlos, decisi;n de imponer su dominaci;n. Y eso cuando estaban en el poder las mismas clases dirigentes, los mismos c1rculos influyentes "muchas veces las mismas familias o, cuando no, los mismos partidos pol1ticos que ahora estn en posiciones de poder, o sus antecesores. No cabe entender qu) hagan ahora los partidos socialdem;cratas y conservadores en Francia, Inglaterra, EE.UU, Alemania etc sin estudiar qu) han venido haciendo durante decenios "los conservadores, durante siglos": agresiones colonialistas, guerras de rapi9a, brutalidades contra los pueblos que se les resisten. En particular la socialde \ mocracia se ha lucido, teniendo un abultad1simo curriculum de agresiones imperialistas (desde la participaci;n en la primera guerra mundial hasta las acciones colonialistas de agresi;n; baste recordar a Suez, 1956). Y tambi)n hemos estudiado la historia del Vaticano. Y luego pensamos que los l1deres pol1ticos de cualquier clase actCan y piensan con resortes similares a los de los dems (s;lo que partiendo, en su caso, de aquellos intereses y aquellas posiciones bsicas  \ que han asumido como definiendo su papel y su status). Es cierto que los c1rculos dirigentes quieren hacernos creer que han cambiado, que su pol1tica actual ya no es lo que era antes, que actCan por otros motivos, que ahora s;lo se gu1an por consideraciones humanitarias. Sin embargo, desmienten esa conversi;n al humanitarismo no s;lo los hechos de la pol1tica real, sino incluso los gestos. A la vez que hacen alarde de ese supuesto humanitarismo, glorifican sus pasadas acciones b)licas y festejan sus guerras de rapi9a. As1, Francia, Inglaterra, EE.UU e Italia celebran con bombo y platillo el final victorioso de la I guerra mundial (el 11 de noviembre de 1918); Francia sigue ufanndose de su pasado colonial "y s;lo lamenta en )l la esclavitud y la trata de negros, como si fuera un cap1tulo marginal y omitible; los EE.UU siguen celebrando su guerra de agresi;n contra Espa9a de 1898; Alemania mantiene una actitud equ1voca preservando una buena imagen del maquiav)lico Pr1ncipe de Bismarck y adoptando una actitud tortuosa e insincera en relaci;n con los actos del r)gimen hitleriano. (Es significativo+o.,,55 tambi)n el avance electoral del Partido de la Libertad en Austria "un partido que reivindica abiertamente el pasado nazi.) En segundo lugar, nos fundamos en un estudio del conjunto de su pol1tica actual, en ver c;mo imponen por doquier las pol1ticas neoliberales del Banco mundial y del Fondo Monetario Internacional que suponen hambrear y condenar al sufrimiento y a la miseria ms espantosa a la mayor1a de la poblaci;n del planeta; todo por su voracidad, por su miope ansia de ms ganancias, de mayor beneficio; un afn de lucro que puede salirles caro, porque la avaricia rompe el saco, y al final lo que consiguen es estrangular la demanda; o sea, se ven con una tremenda crisis de superproducci;n encima. La agresi;n a Yugoslavia no puede entenderse aislada de todo eso; y sin duda una parte de la explicaci;n de esta nueva agresi;n es que, en un mundo en el que imponen sus pol1ticas despiadadas e inhumanas, quieren eliminar a cualquier gobierno d1scolo; pero seguramente tambi)n una buena parte de la explicaci;n es que s;lo con constantes acciones b)licas se justifican los gastos militares, y que dentro de los c1rculos dominantes norteamericanos, ingleses, franceses, alemanes etc son influyent1simos los mercaderes de armas. 4." La raz;n invocada por las potencias imperialistas para justificar su agresi;n es que en Yugoslavia se vulneran los derechos humanos, y particularmente no se concede a la comarca de Kosovo la autonom1a que ellos quieren que se le conceda. Sin duda dondequiera que haya una injusticia se est vulnerando un derecho humano, porque el ser humano tiene el derecho (derecho humano) a ser tratado con justicia. (No s;lo los seres humanos, sino tambi)n nuestros parientes de otras especies tienen ese derecho; mas dej)moslo en este contexto!) o sea, que, donde se perpetre una injusticia se est infringiendo un derecho humano. Y viceversa: ser1a absurdo pensar que no sea injusta la infracci;n de un derecho humano. De ah1 que sea igual decir que en un pa1s se conculcan los derechos humanos y decir que en ese pa1s se cometen injusticias. En qu) pa1ses se cometen injusticias? (O sea: en qu) pa1ses se conculcan al menos algunos derechos humanos?) En todos los pa1ses. Pero en unos ms y en otros menos. Qu) lugar le corresponde en esa escala a Yugoslavia? No lo sabemos, ni desde luego lo saben los gacetilleros a sueldo de los poderes fcticos que ensalzan los bombardeos y todas las crueldades del sistema capitalista. Hasta donde alcanza nuestra informaci;n, el lugar de Yugoslavia no es ni mucho menos uno de los que hagan destacarse a ese pa1s, ni para bien ni para mal. Est lej1simos de se9alarse por situaciones como las que caracterizan a Turqu1a, tales como la tortura sistemtica, la prohibici;n de partidos salvo los domesticados por el r)gimen, el trato inhumano a los miles y miles de presos pol1ticos, el procesamiento de los disidentes o de quienes, sin serlo, discrepen en un asunto tabC, como la cuesti;n curda, para no hablar ya de la pavorosa injusticia social de Turqu1a, el hecho de que trata a sus trabajadores como a bestias de carga. Nada as1 sucede en Yugoslavia, que sepamos. Ni los atronadores altavoces de la propaganda imperialista han logrado sacar a la luz nada similar.)o.,,55ԌY lo de Turqu1a, siendo horrible, es tal vez poco en comparaci;n con otros amigos y lacayos del Occidente capitalista, como Arabia Saudita y otras petromonarqu1as del Golfo P)rsico, los proyanquis talibanes de Afganistn, el Pakistn, Indonesia, el Togo, la Nigeria anterior a las recientes elecciones, etc, para no mencionar reg1menes hoy desaparecidos (que fueron siempre amparados por la CIA y los poderes imperialistas), como las dictaduras de Guatemala, Chile, Argentina, Hait1, el Congo de Mobutu, el Apartheid de Surfrica, etc. No hay ni hubo ni una sola intervenci;n de Francia, Inglaterra, EE.UU, Alemania etc contra ninguno de ellos, sino todo lo contrario: ayuda, financiaci;n, elogios, respaldo militar llegado el caso, venta de armas, entrenamiento de tropas, cooperaci;n de inteligencia (aunque fuera con algCn que otro remilgo ocasional). Lo que tendr1an que hacer si quisieran genuinamente convencernos de que esa motivaci;n es algo ms que un mero pretexto es suministrar una estad1stica fiable (citando fuentes) que arroje como resultado que el pa1s al que quieren atacar merece "en lo tocante a perpetraci;n de injusticias (o sea, a violaci;n de derechos humanos)" una nota sensiblemente inferior a la de los dems pa1ses, y sobre todo sensiblemente inferior a la de sus amigos, aliados y lacayos. Y es )sa una tarea imposible, porque sencillamente es falso. 5." El quinto motivo para oponernos a esta nueva agresi;n de la NATO es que es insostenible el argumento con el que quieren justificarla los l1deres atlnticos y sus turiferarios de los medios de desinformaci;n, a saber: que se trata de imponer al gobierno serbio (y al yugoslavo) una autonom1a amplia para Kosovo. Y es inaceptable tal argumento no s;lo porque en realidad el punto del arreglo negociado que rechaz; Yugoslavia (rechazo que esgrimi; la NATO para desencadenar el bombardeo) es Cnicamente la ocupaci;n de la comarca de Kosovo por tropas de la propia NATO, sino principalmente porque ser1a absurdo y s;lo conducir1a a inauditas catstrofes en cadena querer imponer como principio que haya de concederse sistemticamente autonom1a a cada comarca con caracter1sticas )tnicas que la diferencien de otras partes del territorio del estado del que forme parte. La mayor1a de los estados del planeta son )tnica o nacionalmente heterog)neos. Unos ms, otros menos. El derecho internacional no reconoce ningCn derecho a los grupos )tnicos minoritarios en un estado "aunque sean mayoritarios en un parte del territorio de ese estado" a separarse ni a tener un r)gimen de autogobierno. Si se quisiera aplicar ese principio de un supuesto derecho al autogobierno de las comarcas )tnicamente peculiares dentro de un estado, fuera el que fuese y bajo cualesquiera condiciones, ser1an inviables en la prctica casi todos los estados de frica (cuyos recursos se malgastar1an en sostener un mosaico casi infinito de autonom1as comarcales y subcomarcales); la India deber1a subdividirse en cientos de territorios dotados de autogobierno; en muchos de ellos habr1an de constituirse subterritorios con autogobierno y as1 sucesivamente. La atomizaci;n y el troceo y subtroceo debilitar1an igualmente a muchos pa1ses de Asia y a varios pa1ses de Am)rica Latina. Los pa1ses menos afectados, por ser ms homog)neos, son los que forman el mundo desarrollado y semidesarrollado, o sea los de Norteam)rica, Europa  occidental y el Jap;n. Mas aun en ellos, y por las mismas, habr1a de establecerse el autogobiernoR+o.,,55 de muchas comarcas que hoy carecen de )l. Sin ir ms lejos, qu) pasa con C;rcega, que est separada geogrficamente de Francia, que fue conquistada por la fuerza hace dos siglos por los Borbones franceses, que jams form; parte de la Galia, y que es en buena medida de habla italiana? Puede uno preconizar una u otra soluci;n para esos diversos problemas. La f;rmula del derecho a la autodeterminaci;n no es una receta mgica, ni una verdad evidente ni desde luego puede solucionarlo todo; ni siquiera es siempre sensatamente aplicable en la prctica; el movimiento revolucionario en frica y en otras partes del tercer mundo ha tenido que renunciar a ella. Mas, sea de ello como fuere, el derecho de autodeterminaci;n de los pueblos que reconoce el derecho internacional no significa en modo alguno un derecho a la separaci;n ni al autogobierno de las partes )tnicamente peculiares del territorio de cualquier estado. Y, al margen de lo jur1dico, en lo moral y pol1tico habr que atribuir un valor u otro a aspiraciones de esa 1ndole segCn las particularidades del caso, segCn parmetros como los siguientes: qu) posibilidades haya de que las poblaciones alcancen una vida digna y holgada por unas v1as u otras; qu) base geogrfica, hist;rica o lingG1stica tenga la uni;n estatal existente; cules caminos sean ms conducentes a la armon1a y concordia entre los pueblos. Hay hoy muchos conflictos armados en el planeta surgidos de aspiraciones irredentistas o separatistas: en la Casamancia senegalesa, en partes de Namibia, de Angola (Cabinda), en las comarcas tamiles de Ceiln, en varias partes de la India, as1 como entre los curdos; para no hablar ya de los conflictos de esa 1ndole en la Vasconia espa9ola, en C;rcega, en el Tirol del sur (anexionado a Italia en 1919), en Breta9a, etc. SegCn en qu) momentos, unos de esos conflictos estn a veces ms candentes, otros menos. Mas son de iguales caracter1sticas, en lo fundamental (aunque con diferencias de grado). Que las potencias imperialistas de la NATO no actCan por el respeto a un principio de autodeterminaci;n o de autogobierno de las comarcas )tnicamente diferenciadas (derecho que no existe y que nadie pretende que exista) lo deja bien claro el que ellas en sus respectivos territorios no reconocen ese derecho. De nuevo hay que mencionar c;mo Francia ha rehusado ese derecho a la Alsacia germnica, a C;rcega, a la Breta9a, a las comarcas flamencas en torno a Dunquerque, a las del Pa1s Vasco, etc, y que ha practicado una pol1tica asimilacionista a ultranza (no tolerando ni siquiera la ense9anza elemental en las respectivas lenguas maternas). Esas mismas potencias ayudan a que Turqu1a trate como lo hace a la minor1a nacional curda, que es mayoritaria en una extensa parte del territorio del Este anat;lico. Menos todav1a admiten los pa1ses de la NATO que, cuando haya surgido un conflicto separatista en sus territorios, se les imponga "en detrimento de su soberan1a" la presencia de tropas extranjeras dizque pacificadoras. Como lo dijo acertadamente la gran pensadora comunista Rosa Luxemburgo, los intereses de la clase obrera y de las masas populares no estriban en determinar por d;nde+o.,,55 pasarn las fronteras, ni menos en dedicarse a modificar o rectificar las fronteras existentes; sino que, aun orientndonos a la eliminaci;n lo ms pronta posible de las fronteras, es ms razonable que en general dejemos las fronteras como est)n. (Rosa Luxemburgo pudo cometer el error "que le reproch; Lle9in" de tomar ese principio demasiado a rajatabla y sin flexibilidad; mas hab1a en su actitud un elemento de raz;n que hoy, con la experiencia de estos decenios, es preciso reconocer. Si la posici;n de Rosa Luxemburgo era unilateral y exagerada, tampoco era perfecta la defensa en general del principio de autodeterminaci;n, un principio que a menudo resulta inviable y cuya implementaci;n conduce a ms problemas y dificultades de los que puede solventar). A este respecto es de se9alar la debilidad de la posici;n de pa1ses como Espa9a que se enfrentan a reclamaciones irredentistas internas en regiones con particularidades lingG1sticas ms o menos acusadas. Al secundar esta agresi;n antiyugoslava, un gobierno como el espa9ol est socavando los propios intereses nacionales que dice representar y defender; en este caso, est colaborando al mayor poder de de los enemigos seculares e hist;ricos de su Patria, y est propiciando una situaci;n en la cual, si un d1a Espa9a volviera a ser una RepCblica "y previsiblemente tuviera, as1, un r)gimen pol1tico que no fuera del gusto de los mandamases de Washington, Londres y Berl1n", podr1an las ciudades espa9olas ser bombardeadas impunemente por aviones de la NATO para  \  imponer un desgajamiento de facto de las regiones septentrionales ms ricas, en las cuales querr1an hacer triunfar su irredentismo separatista los l1deres de la alta burgues1a regional (los sucesores de los actuales Pujoles y Arzlluzes). 6." La sexta raz;n que nos lleva a condenar esta agresi;n es que lo que la ha desencadenado es el rechazo yugoslavo de la pretensi;n de la NATO de imponer la ocupaci;n de Kosovo por tropas atlnticas. Ahora bien, justamente los bombardeos, con la enorme cantidad de muertes, atrocidades, sufrimientos, destrucciones, revelan cul es la catadura de esos ej)rcitos atlnticos. De ej)rcitos que perpetran tales atrocidades qui)n sensatamente no tendr miedo? Qu) pacificar1an las tropas de la NATO ya nos es dado conjeturarlo: si, sin ocupar el territorio, matan indiscriminadamente a la gente y destruyen sus modestos recursos, c;mo no imaginar que, si se les concediera la ocupaci;n del territorio, cometer1an mil atrocidades que se encargar1an de ocultar, gozando como gozan de la total complicidad de los medios de comunicaci;n? Porque n;tese que la NATO parte del principio de que el fin justifica los medios. Qu) mal han hecho "aun desde la ;ptica de la propaganda b)lica atlantista" las v1ctimas de los bombardeos? Qu) juez, qu) jurado los han juzgado o condenado? Qu) posibilidades se les han dado de defender su causa? Qu) presunci;n de inocencia se ha respetado? Qu) mal han cometido las personas que dejan como viudos y hu)rfanos? En qu) difieren esos bombardeos de una oleada de explosiones terroristas, s;lo que efectuada con casi total impunidad, con medios infinitamente superiores a los del terrorista privado y con los ingentes recursos de los estados ms ricos del planeta? 7." (sta es la s)ptima y Cltima raz;n: queremos ir ms all de las separaciones fronterizas, queremos que las fronteras no separen: ni a los alban;fonos kosovares de los albaneses, ni a los hispan;fonos peruanos de los espa9oles, ni a los franc;fonosT+o.,,55 senegaleses de Francia; sino que haya, para empezar, una libre circulaci;n de personas (que se reconozca a cada ser humano adulto el derecho a residir en cualquier lugar del planeta Tierra en que le plazca); y, a rengl;n seguido, el comienzo de un proceso de integraci;n planetaria, de fundaci;n de una RepCblica Terrquea. El1jase una asamblea constituyente planetaria y f;rmese as1 un gobierno confederal planetario. Mas lo que no cabe l1citamente es, mientras no se llegue a eso, conculcar el principio de la soberan1a nacional. Mientras no se superen las fronteras (y, por nuestra parte, desear1amos que fuera lo antes posible), las fronteras son inviolables, y ningCn estado ni grupo de estados tiene el derecho de imponer el ordenamiento que a )l le guste o le convenga dentro del territorio de otro estado. Y Yugoslavia es un estado reconocido por el derecho internacional.  \ $ Lorenzo Pe9a  k # Hermandad Proletaria ESPA8A ROJA  \ !yMadrid, 28-03-1999  b Ms informaci;n y argumentaci;n sobre el avispero balcnico cabe hallar en: k    *