El desmembramiento de la URSS **Nota** 6_1
Lorenzo Peña
Todos estarán de acuerdo en que aquellos polvos trajeron estos lodos. ¿Qué polvos? Eso es lo que no está claro a simple vista, no más que con mirar a los hechos. Éstos, contrariamente a lo que se dice, no cantan por sí solos. De que algo ande o haya andado mal no se sigue que ese algo sea esto o que sea aquello.

La debacle y el desmoronamiento de la URSS llevan a los reaccionarios a sacar sus propias conclusiones: el socialismo es un fracaso porque el ser humano es individualista y sólo puede vivir o prosperar con la economía de mercado y la propiedad privada. La prosperidad se echa de ver sin más que promediar los niveles de vida de los diversos territorios sometidos a dominación capitalista; por cada habitante de Europa occidental o Norteamérica hay unos cuantos no alejados de la inanición en Latinoamérica, Asia y Àfrica.

Pero no sólo son los reaccionarios abiertos, sino tantos y tantos «ex». Con esa peculiar tendencia a la autoinmolación tan típica de las corrientes anticapitalistas (no de ahora), unos y otros «ex» o candidatos a «ex» se suman a la campaña de denigramiento contra las realizaciones del socialismo: unos hacen remontar los orígenes del mal a Brezhnev, otros algo más atrás, los más a Stalin, y ya un número creciente al propio Lenin; y no faltan, sino que aumentan, los que se remontan a Marx, cuyas ideas ya encierran aspectos de totalitarismo de los que se habría seguido el divorcio del núcleo dirigente respecto de las masas, y de ahí poco a poco la catástrofe a que hemos asistido ahora.

Se puede ir más lejos, ¿por qué no? Se puede dar la razón a Solzhenitsin y decir que el origen último está en le Renacimiento, con la quiebra de los valores y las estructuras de la sociedad feudal medieval. Y se puede ir más lejos aún que el propio Solzhenitsin, afirmando que el origen está en la idea «utópica» de igualdad básica entre los humanos que viene del cristianismo y que ha desembocado, supuestamente, en los llamados horrores del socialismo o el comunismo real. ¿Más lejos? Sí, aún cabe remontar más. Quizá el haber abandonado la vida nómada y el vivir de la caza de los hombres del paleolítico, o quizá la existencia misma del ser humano, o quién sabe qué.

Cada uno es muy dueño de sostener que en la fase que a él le parezca es cuando comienzan a torcerse las cosas, y que, de no haber empezado a andar por ahí el rumbo de nuestra especie, o de nuestra cultura, o de una parte de ella, no habríamos llegado a eso. Tales nihilismos pueden desembocar en que lo mejor es que no haya vida ni nada.

Sin embargo, ¿no es más sensato proceder a efectuar balances concretos de lo que las diversas organizaciones sociales han conseguido, en sus diversas fases y teniendo en cuenta las diferencias entre las mismas y otros factores? Desde luego los balances nunca son tampoco obvios, y el que se opte por uno o por otro siempre depende, al menos en parte, de con qué óptica se miren las cosas. Pero no parece irrazonable un balance que revele que, mientras el socialismo o comunismo real se atuvo a los dos principios de afianzar la economía planificada y centralizada y de reducir lo más posible los privilegios retributivos de los sectores de la población que efectúan un trabajo no propiamente manual, la URSS fue consiguiendo logros impresionantes en muy diversos campos: su industria creció como jamás en la historia ha crecido la de ningún país; el nivel educativo y cultural de la inmensa mayoría de sus habitantes subió de manera espectacular y rapidísima; se fueron alcanzando metas de bienestar que eran enormes en comparación con niveles de vida anteriores de esas poblaciones y también con los de la mayoría de la humanidad, no ya entonces sino incluso hoy; se estableció la paz social; disminuyeron las desigualdades sociales y, con ellas, los motivos de descontento legítimo; se resolvió el problema de las naciones y nacionalidades, no perfectamente, no a gusto de todos, ni sin traspiés, pero de un modo suficientemente satisfactorio para la abrumadora mayoría de la población de muchas de las naciones que componían la URSS, de un modo que, en líneas generales, era justo, pues por vez primera permitía a cada una usar su propia lengua en las diversas esferas y tener sus organismos autónomos (con alguna excepción, como durante la segunda guerra mundial, en que, quizá inevitablemente, se desencadenaron furores nacionalistas ). Si comparamos lo que se logró en la URSS bajo Lenin y sobre todo bajo Stalin con lo que se ha conseguido bajo el capitalismo en un plazo similar dondequiera que sea (salvo hasta cierto punto en el Japón, y eso a expensas de otros pueblos, lo cual dista de ser el caso en la URSS), el balance no puede ser más favorable. Eso sin negar ni los actos de represión, ni la existencia de una minoría que estaba internada en el GULAG, ni la falta de pluripartidismo. El mundo colonial era entonces un enorme GULAG, sólo que sin las contrapartidas que ofrecía a los soviéticos su sistema.

El balance empieza a ser menos brillante cuando vienen las reformas mercantilistas de Jruschov, con la desestalinización. Pero de ahí no se sigue que ya desde 1956, o desde 1966 o el año que se quiera, en la URSS se había restaurado el capitalismo. Tamaña falsedad, inventada por la dirección del PC Chino en el período 1966-68, fue repetida sin crítica por muchos revolucionarios de los años 60 y atizada en los 70 por los neo-reaccionarios. Equivale a desconocer la existencia de grados. Sí, es verdad, el socialismo estaba ya corrompido, pero era todavía, a pesar de esas corrupciones, socialismo. Puro, al fin y al cabo, nunca lo ha habido, pues la pureza total no existe en nada. Lo que pasa es que, en vez de ir en el sentido que preconizara Stalin en uno de sus últimos escritos (Los problemas económicos del socialismo en la URSS), había seguido el rumbo opuesto, el de introducir más y más mecanismos de economía mercantil. Ello conlleva nuevos y mayores privilegios y un funcionamiento de las empresas más parecido al de las de propiedad privada. Al final, lo inevitable: que esos [relativos] privilegiados quieren más y más privilegios, ser plenamente como los capitalistas; y los desprivilegiados se quejan con razón de la existencia de privilegios y se les antoja que no habría menos bajo el capitalismo. Cuanto más sucede todo eso, la propia élite dirigente cree menos en las ideas del comunismo.

Todo ese proceso de degeneración ha sido lento y ha tenido zigzags. Gorbachov y su Perestrika son la expresión máxima de la inclinación al capitalismo iniciada por Jruschov.

El comunismo real tuvo todos esos fallos. Ésos u otros, tenía que tener muchos, muchísimos fallos. Una formación social nueva los tiene que tener (y aunque no sea nueva también, pero más propensa a tenerlos si es nueva). Pero sus logros están ahí. Comparémoslos con el caos, el desbarajuste, el hambre, la guerra entre las naciones y nacionalidades a que ha dado lugar en poco tiempo la restauración capitalista desde que Gorbachov impuso el retorno a la economía de mercado. Un país deshecho, un pueblo hambriento, el crimen que alcanza extremos jamás imaginados antes. Yeltsin y su cuadrilla de restauradores capitalistas prometen vacas gordas para ... ¿cuándo? ¿Dentro de un año, de dos, de tres, ...? ¿Por qué no de mil? Ahí está la Argentina, ahí está Brasil, y tantos otros países donde el capitalismo ha prometido vacas gordas tras un transitorio apriete de cinturón. La transición dura y dura y dura, generación tras generación.

La historia nos dirá hasta dónde llegan los atroces efectos de la restauración capitalista. Es lastimoso, en esto como en todo, que para apreciar los lados buenos de algo sea menester que se den tales horrores. Es escalofriante la tragedia del pueblo ruso y los demás pueblos de la antigua URSS. Y no hablo de lo que han perdido los otros pueblos (ahí están los árabes, que, por la traición de los Perestroikos, han sufrido una de las más crueles masacres contemporáneas bendecida por la ONU). Perdido el aglutinante que proporcionó la solución del problema nacional por Lenin y Stalin (imperfecta, mas básicamente justa, en la mayoría de los casos), resulta comprensible que se desaten los viejos odios o se aviven otros nuevos, la porfía de quién sacará más tajada en el capitalismo restaurado. Los polvorines del Cáucaso, el Turquestán y Tartaria nadie sabe a qué ríos de sangre pueden llevar. Como mínimo, nos queda en toda esta tragedia un elemento positivo: el de extraer del hundimiento de la URSS la importante lección de que, en la medida en que el socialismo se asimila más al capitalismo en los dos aspectos mencionados, está cavando su propia fosa.




6_1.

Artículo publicado en Octubre Nº 2 (febrero de 1992).volver al cuerpo principal del documento




volver al comienzo del documento

Volver al portal de ESPAÑA ROJA

Volver al Nº 1 de ESPAÑA ROJA
______________ ______________ ______________

Director: Lorenzo Peña


______ ______ ______

mantenido por:
Lorenzo Peña
eroj@eroj.org
Director de ESPÑA ROJA